Te conocí un miércoles de septiembre. “Recuerdo que estabas sentado en tu escritorio e inmediatamente te levantaste a saludar. Moreno, alto, con tu polo azul por fuera, unos vaqueros y calzando unos Náuticos. Nos saludaste a mi padre y a mí con una sonrisa en la cara y un cigarro en la mano. Yo esperaba un cincuentón, trajeado y lo de Rilo me sonaba a italiano”.¿Recuerdas que alguna vez te lo comenté y te reías? Ay… Alfonso, comenzaste desde el primer momento enseñándome que la vida es más deliciosa si la vives con naturalidad, tal y como tú lo has hecho. Vuelta a Madrid por la tarde con escopeta nueva, tiradora, bolsa, cascos, gorra y con un amigo para siempre.
Competiciones, ilusiones, planes, llamadas interminables, risas, chistes, Natalia, María, consejos, fines de semana en tu casa … y Beretta, tú querida Beretta, compartiste conmigo. Eras así, espléndido por naturaleza, tu más claro signo de identidad.
Cada vez que recuerdo las historias que me contabas sobre tu infancia y tu juventud, no puedo evitar reírme y es que eras…